Cuando nos hacemos adultos perdemos nuestro lado más espontáneo y natural, pero…¿y si lo recuperásemos?, ¿cómo sería nuestra forma de relacionarnos con los demás? Mentos nos muestra lo que podría pasar en estos casos.
De niños no tenemos pelos en la lengua. Decimos lo que pensamos sin miramientos de ningún tipo y sin importar la situación en la que nos podamos encontrar. Pero, ¿te has planteado lo que podría suceder si un adulto actuase de la misma forma?

Ahora los pequeños de la casa son los que toman el control y los que llevarán a los adultos a situaciones de lo más comprometidas. ¿Qué os parece la idea?


