Levantarse dos o tres veces por noche para orinar. Notar que el chorro cada vez sale con menos fuerza. Esa sensación incómoda de no haber vaciado del todo la vejiga, incluso después de pasar un buen rato en el baño. Muchos hombres a partir de los cincuenta conviven con estos síntomas durante años, casi siempre pensando lo mismo: «son cosas de la edad, hay que aguantarse». Y sin embargo, detrás de esas molestias tan cotidianas suele haber una causa muy concreta, y lo que es más importante, con solución.
Se trata de la hiperplasia benigna de próstata, conocida también como HBP, y conviene aclarar cuanto antes la duda que más preocupa a quienes empiezan a notar estos síntomas: no es cáncer. Es un crecimiento benigno de la glándula prostática que, simplemente, con el paso de los años presiona la uretra y dificulta el paso de la orina. Y es un problema mucho más común de lo que se suele pensar, ya que afecta a cerca del 40% de los varones mayores de 60 años y a un 80% de los que superan los 80. Dicho de otro modo, es prácticamente una etapa más del envejecimiento masculino, aunque eso no significa que haya que resignarse a vivir con las molestias.
Qué opciones existen antes de plantearse una cirugía
El primer paso, cuando los síntomas empiezan a notarse, suele ser la vigilancia y, en muchos casos, la medicación, que ayuda a controlar el crecimiento de la próstata y a aliviar la obstrucción. Pero no siempre resulta suficiente, y no todos los pacientes toleran bien estos fármacos a largo plazo. Ahí es donde, tradicionalmente, la siguiente opción pasaba directamente por la cirugía mayor, con todo lo que eso implica: ingreso hospitalario, una recuperación más larga y el riesgo, nada desdeñable, de que afecte a la función sexual.
La buena noticia es que hoy existen técnicas mínimamente invasivas que ya se aplican en Madrid y que permiten evitar ese salto directo a la cirugía. Es el caso del sistema Rezum, un tratamiento de la próstata sin cirugía en Madrid que reduce el tejido prostático mediante vapor de agua. El procedimiento se guía con un cistoscopio y libera el vapor directamente sobre el tejido agrandado, que el propio cuerpo va reabsorbiendo de forma natural en las semanas siguientes. Todo ello dura entre media hora y una hora, sin necesidad de anestesia general, y suele indicarse precisamente para quienes quieren preservar la función sexual, uno de los aspectos que más preocupa a la hora de decidirse por un tratamiento u otro.
Por qué no todos los pacientes son candidatos al mismo tratamiento
Aquí conviene ser honestos: no existe una solución única que sirva para todos los casos. La elección del tratamiento depende de varios factores, entre ellos el tamaño de la próstata, la edad del paciente y, sobre todo, sus prioridades personales, ya sea evitar una cirugía mayor, mantener la función sexual intacta o simplemente encontrar una solución rápida con pocas complicaciones. El sistema Rezum, por ejemplo, suele indicarse en volúmenes prostáticos de entre 30 y 80 gramos, y para pacientes con síntomas moderados o severos que buscan una alternativa a la medicación de por vida.
Desde LYX Urología, en Madrid, explican que el diagnóstico siempre debe ser individualizado: valorar cada caso de forma particular es lo que permite decidir si la vigilancia, la medicación o una técnica como Rezum es la opción más adecuada para cada paciente, en lugar de aplicar el mismo protocolo a todo el mundo. Y es que, más allá de la técnica en sí, lo que marca la diferencia es un seguimiento cercano y adaptado a cada situación.
Consultar a tiempo, la clave para no arrastrar el problema
Uno de los aspectos que más llama la atención al hablar con especialistas en patología prostática es cuánto tiempo tardan muchos hombres en pedir cita, a pesar de convivir con síntomas que afectan claramente a su día a día. El miedo, la vergüenza o, simplemente, la costumbre de restarle importancia hacen que el problema se arrastre durante años cuando existen alternativas accesibles y con una recuperación mucho más sencilla que la que muchos imaginan.
La recuperación tras el sistema Rezum, de hecho, suele ser ambulatoria, sin necesidad de ingreso hospitalario en la mayoría de los casos. Es habitual mantener una sonda vesical durante unos días y llevar una vida tranquila durante las primeras semanas, pero se trata de un proceso mucho menos limitante que el de una cirugía mayor tradicional.
Además, muchos pacientes valoran especialmente poder retomar su rutina habitual en pocos días, algo que contrasta claramente con los tiempos de recuperación asociados a la cirugía tradicional.
Si las noches interrumpidas por ir al baño, la urgencia repentina o esa sensación de vaciado incompleto ya forman parte del día a día, merece la pena consultar con un especialista antes de asumir que no hay nada que hacer. En Madrid existen ya alternativas mínimamente invasivas, accesibles y pensadas para no comprometer aspectos tan importantes como la función sexual, y que pueden marcar una diferencia notable en la calidad de vida a partir de los cincuenta.
