Las leyendas están presentes en este blog de Madrid, puesto que constituyen una parte fundamental del devenir de la ciudad, de la Historia y de los hechos más insólitos de cuantos puedas imaginar. En esta ocasión hemos recogido la leyenda de la calle de la Abada.

El rinoceronte de la calle de la Abada
La memoria no llega a contar estos hechos que sucedieron en lo que hoy se conoce como calle de la Abada, en el centro de Madrid, junto a la Gran Vía.
Por ello tenemos que recurrir a la leyenda para saber que en aquel lugar, junto al monasterio de San Martín, llegó un grupo de portugueses, muy alborotadores, con sus instrumentos de música, zambombas y demás enseres que les conferían un aspecto singular.
Allí se instalaron y montaron un espectáculo en el que el centro de atención era una abada, que para aquellos que no lo sepáis se trata de una rinoceronte. La gente pagaba dos maravedíes para poder entrar en el campamento de los portugueses y poder contemplar a un animal muy raro, con esa piel fuerte y dura, ese color grisáceo. Los niños se acercaban a tocarlo y todos quedaban asombrados ante el tamaño de la bestia.
Cuenta la leyenda que un joven que regentaba un horno cercano iba todas las mañanas a darle a la hembra de rinoceronte un pedazo de bollo. Poco a poco se fue ganando la confianza del animal y llegó un día en el que pasaba dentro de la jaula a darla de comer. Se le ocurrió la feliz idea de darle un bollo recién salido del horno, abrasando, por lo que cuando la abada se lo comió, empezó a dar vueltas como loca, quemándose el estómago y lo pagó con el joven panadero, que murió atacado por la furia del animal.
El prior del monasterio de San Martín, fray Pedro de Guevara, se hizo cargo de la situación y mando a los lusos lejos de sus terrenos. Parece que debido a la confusión formada el animal se escapó y ocasionó al menos 20 muertos y todo el vecindario salió en su búsqueda y captura, hasta que finalmente los mismos portugueses con la ayuda de la Santa Hermandad (los precursores de la policía) consiguieron atraparlo.
En honor al animal y al suceso, la zona de las eras de San Martín se quedaron con el actual nombre de calle de la Abada, tal y como cuenta esta leyenda.


