
En un lugar en el que los intelectuales se reunían en los cafés típicos y conversaban sobre literatura o política. Los jóvenes estudiantes también eran parte del decorado típico de este barrio, atravesado por la calle de la Luna.
Al mismo tiempo y en esta misma zona, varios palacios señoriales de nobles, marqueses y condes se instalaron en la zona de la calle de la luna, en este barrio de estudiantes.
Nos situamos muy cerca de la iglesia de San Martín y de la calle de la Abada y la Gran Vía. En esta zona, en los últimos coletazos de la Edad Media, había dos importantes palacios pertenecientes a dos poderosas familias madrileñas. Se trataba del palacio de D. Álvaro de Córdoba y el de D. Francisco de Crispi, familias enemigas y rivales por herencia.
En una de las muchas disputas que enfrentaban a las familias, nació la leyenda de la calle de la luna. Fue un día en el que los Álvaro y Francisco pelearon hasta la noche, cuando apenas había luz natural en las calles. La noche se apoderó de la situación y nadie veía prácticamente nada.
Parecía que todo iba a acabar por ese día, cuando de repente, un poderoso rayo de luz procedente del cielo iluminó el palacio de Crispi. Era como una señal que la familia de Álvaro aprovechó, ya que podían ver a su enemigo con bastante nitidez gracias a la luz de la luna, dándole muerte y venciendo con su orgullo sobre el rival de toda la vida.
El victorioso D. Álvaro construyó una luna de piedra para ponerla en la entrada de su palacio, y gracias a este controvertido suceso, la leyenda cuenta que el lugar se denominó como calle de la Luna.
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